Donde no caben las palabras

En esta ocasión no quería hablar conmigo. Había leído y releído mi blog, habíamos hablado por teléfono y lo que quería era que le esperase dentro de la habitación, con un vestido negro, un collar dorado, ligueros y ropa interior negra. Ni siquiera quería interactuar para pagarme, me había hecho un ingreso aquella misma mañana. Así que, sus deseos fueron órdenes.

Entró en la habitación con el abrigo en la mano, lo colgó rápidamente y clavó sus ojos en mí. Tenía una mirada de la que brotaba pura sexualidad, unas manos cuidadas de dedos largos, pelo canoso y piel suave. Era muy atractivo y me ponía muchísimo esa situación.

No hablamos en ningún momento. Se acercó a mí para besarme intensamente cogiéndome del pelo, pasando su mano por mi cuerpo hasta llegar a la parte interna de mis muslos, al descubrir que estaba húmeda, se apartó, me miró a los ojos y sonrió para besarme después con más intensidad. Mis exhalaciones  se transformaron en pequeños gemidos y él parecía estar cada vez más excitado al ver lo que estaba provocando en mí.

Después de TODO, desnudos y abrazados en la cama, decidimos presentarnos formalmente. No pudimos parar de reír.

Cuando vivo encuentros tan divertidos y gratificantes, sólo puedo recordaros que hagamos el amor, que follemos todo lo que podamos. Follar mola, de hecho, pocas cosas en el mundo molan más. No hay excusa para no hacerlo.

Todos somos Julio!

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