Amores platónicos

Convertirse en el amor platónico de alguien es a lo máximo que se puede aspirar como musa, femme fatale o incluso como bloguera. Porque sí, aquí donde me veis, soy el amor platónico de algún lector que por hache o por be, no pasa la línea de conocerme como escort y se queda fantaseando a través del blog. No deja de tener un puntito de romanticismo.

En estos días no he podido evitar recordar a mi gran amor platónico, que lejos de ser en mi adolescencia, lo viví hace un par de años.

Era escritor (es escritor) y tras leer su primera novela  quedé fascinada con sus expresiones, con el razonamiento de sus ideas, con su humor y con la manera que tenía de concebir a la mujer. Si existe el padre de mis hijos, tenía que ser ese hombre.

Recuerdo que le busqué en Google, aparecieron varias fotografías suyas y de su libro, y de él con su libro, y de él con lectores de su libro, y de él con un perro y unas escaleras y de él con cara de “Marta, estás en lo cierto, soy el hombre de tu vida”.

Tenía seis años más que yo (tiene seis años más que yo), el pelo ensortijado, unos kilitos de más que le daban aspecto de buena persona, porque sí, los kilitos de más, a mí me dan esa impresión. Sonreía en todas las fotos y unas veces tenía barba y otras non.

Ese año me planté en una de sus firmas, en unos grandes almacenes, durante una fantástica semana. Yo vestía impecable, quizá demasiado para la ocasión. Hice mi cola correspondiente muerta de nervios y sabiendo que en cuanto me viera, se enamoraría de mí y comeríamos perdices tras nuestra boda en palacio. Mi cabeza es así…

Cuando al fin llegó mi turno fue amabilísimo firmando mi libro, comentamos algún capítulo y como ví que mi tiempo se acababa, cogí tres ejemplares más para “unos amigos que me lo habían encargado”. Le di nombres ficticios. Dispuse de unos minutos más para que se quedara con mi cara y después agregarlo a Facebook y quedar con él, según el plan previsto (que iba improvisando sobre la marcha).

Le agregué nada más llegar. Aceptó mi solicitud dos días más tarde. Le escribí un privado. Me respondió. Le volví a escribir. Me volvió a responder. Le propuse quedar. Me dijo que sí. Creí morir de emoción. Le propuse un plan para nuestra cita que incluía unas entradas para un concierto. Me dijo que no conocía al grupo y añadió, como el que no quiere la cosa, que le había preguntado a SU CHICO y le había dado buenas referencias.

Y así fue como mi amor platónico llegó al sumun de lo platónico y como la bandera (gay) de mi palacio se izó a media asta durante varios días.

Mi ex amor platónico acaba de publicar su tercera novela, evidentemente nunca llegué a quedar con él, pero sigo leyéndole. Desde entonces prefiero vivir amores reales y no me va tan mal, aunque pienso que todos deberíamos tener, al menos una vez en la vida, un amor platónico y por supuesto, serlo para otra persona.

amor platonico

 

Marta de Lago  603200325  citaconmarta@gmail.com

 

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