Cuando le cuentas a una amiga tu secreto

– ¿Dónde fuiste con ese cliente?

+ Nunca había estado allí, es un sitio que puede ser el lugar más romántico del mundo o el picadero más reconocido, a partes iguales.

– ¿Tú cómo prefieres considerarlo?

+ Romántico, un sitio romántico. Por lo menos, en eso hicimos que se convirtiera. Pásame el bronceador.

Estábamos en la piscina de su urbanización. Le acababa de confesar que tengo amantes de pago puntualmente.

Ella, muy lejos de escandalizarse, sólo quería saber los detalles más morbosos de mis historias. Me comprendía, le daba igual el por qué de todo esto y por eso sabía que era la persona perfecta a la que confiarle mi mayor secreto.

– ¿Qué dijo cuando te vio?

+ Que no me imaginaba tan guapa. Las fotos que tengo en el blog, no son muy buenas. Lo hago a drede, en esas fotos ni tú podrías reconocerme.

– Pero, ¿él te gustaba?

+ Sí, si me gustaba… me gusta. Me hace reír, se ríe conmigo, es atractivo y me apasiona las cosas que me cuenta. Me hizo sentir como si nos conociéramos de hacía tiempo, escuchaba cómo respondía mi cuerpo a sus besos y caricias. Me puso a mil. Eso no se puede disimular, pequeña.

– ¿Cómo se lanzó?

+ Tras impresionarme con el sitio, tras brindar con vino, tras momentos de confesiones personales me acarició el pelo y bajó hasta los hombros. Ahí, me besó. Primero con ternura, luego subieron las pulsaciones.

– Qué fuerte! Después, ¿qué pasó?

+ Que me acarició el pecho, con suavidad y con firmeza. Pasó su dedo índice por mis pezones que ya estaban duros. Estaba excitada, no te lo voy a negar. Me bajó la cremallera del vestido con delicadeza. Me miraba, me sonreía y me volvía a besar. Después bajó su mano y comenzó a acariciarme muy suave entre las piernas, sobre mis braguitas y se dio cuenta de lo que deseaba…

– Estabas cachonda, ¿eh? jaja.

+ No te imaginas.

– Vale, vale, no hace falta que me des más detalles. Pero al terminar, ¿qué?

+ Pues que nos abrazamos y nos acariciamos. Estábamos a gusto y no teníamos ninguna prisa. Ah! nos dimos un chapuzón mientras escuchábamos la música que había elegido para la ocasión y seguímos hablando de nuestras cosas. Riéndonos, besándonos. Cuando te digo que son amantes no utilizo mal el término. Va más allá del sexo.

– Pero si ya tocáis el tema personal, ¿no te da miedo sentir un poco más por alguno de ellos?

+ Calla, calla.

– ¿Lo tienes controlado?

+ Lo intento.

– Pues me parece bien esta aventura en la que te has metido, sinceramente. Te conozco, tienes la cabeza bien amueblada y no creo que se te vaya la “pinza”. Pero me jode que tengas un blog con más visitas que el mío.

+ Claro, en tu blog hablas de los cuidados a los perros!

– Bueno… realmente, sólo a los chihuahua toy

+ Jajajajaja

– Jajaja, idiota! Venga, vamos a por unos mojitos.

+ Hecho!

Y así se nos pasó la tarde de aquel domingo. Después del mojito, le conté todos los detalles más calientes de alguna de mis citas. Pero esa conversación, os la cuento otro día 😉

 

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