Sexo y antifaces

Lo confieso, cuando uno de mis amantes me viene con lo de “tengo una fantasía que quiero cumplir contigo”, de entrada, me entran los siete males y seguidamente me digo eso eso de “open your mind, open your mind”, inspiro, expiro y pregunto.

En esos instantes, mientras él está hablando, yo sólo puedo imaginarme en situaciones muy extremas y muy “ay, madre! pero esto qué es”. Tengo una cabeza demasiado hitchcoriana. Cuando por fin, decido escuchar, me doy cuenta de que no es para tanto y que la escena puede ser excitante y divertida.

Llegué, me abrió la puerta y vi que tenía algo puesto en la cabeza. No me dejó mirarlo, y se puso detrás de mí rápidamente hasta llevarme a la cama donde había una flor esperándome con un sobre. Un momento! lo que llevaba puesto en la cabeza, qué coño era?. Él insistía en que no me diese la vuelta, que tenía una cosa para mí. Ya, ya, pero lo de la cabeza, ¿qué? juraría que era un gorrito de cirujano. ¿Ha venido con un gorrito de cirujano?

Finalmente me da la vuelta y compruebo felizmente que no, que no es un gorrito, es un antifaz y tiene otro para mí.

Sólo sentir, sin ver. Únicamente sentir. Y sentimos los mensajes de nuestra piel, los aromas a melocotón y nuestros sabores más íntimos.

Los placeres provocan adicción y cada día soy más adicta a disfrutar del sexo, de la compañía y de los momentos que sólo algunos amantes pueden darme. Además, tienen la deferencia de no disfrazarse de cirujanos. No se puede pedir más.

 

antifaz

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