Cuando la noche es sorprendente

Le pedí magia y me folló frente a un Monet.

No podría añadir mucho más a esto, no debería, porque la magia es así y los detalles escritos no creo que nunca puedan estar a la altura de lo que viví aquella noche.

Diré que había estrellas, que había flores allí por donde mirases, que estaban sus ojos y su voz, la voz más bonita… Y también estaba yo, claro. Muy presente con mi vestido azul oscuro, con un pelo impecable y con un escote en la espalda que me daba vértigo hasta a mí.

También había vino. No podía faltar el vino, porque él me conoce, no sé de qué, pero si no, no pudo ser posible acertar tanto, en todo. El vino formaba parte del ritual de la seducción y él lo bebía tan bien, que sólo me hacía desear que me bebiera a mí.

Y me bebió, no sin antes permitir que me lo bebiera yo a él, que lo respirase y que lo acariciase tanto que mis huellas permanecerían en su piel y en su memoria, al menos, hasta siempre.

Le pedí magia porque sabía que era un creador de sueños, esas cosas se saben. Hizo magia hasta que mi carroza se convirtió en calabaza y tuve que salir corriendo dejándome olvidado el típico zapatito de cristal que nos dejamos todas. Yo lo hice aposta, claro 😉

martacenicienta

2 Replies to “Cuando la noche es sorprendente”

  1. Eres tú quien hace la noche mágica. Si algún día quieres cambiar y probar el Krug Clos du Mesnil frente a un Picasso, encantado.

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