la historia

Hay decisiones que se toman porque aunque aunque hay otras mejores a los ojos de la ética moral de otras personas, sin duda, no son las más acertadas para ti. Como ser chica de compañía, por ejemplo.

Ahí estaba esa chica, con su vida “normal”, de trabajo bien considerado y de novio exitoso, con proyecto de boda incluido.

Esa chica se enteró de que su novio le había sido infiel y que se había roto el acuerdo de lealtad que tenían. Dejó la relación sin miramientos. Se mudó de casa y comenzó de cero.

Esa chica no cumplió con las exigencias de su trabajo durante los meses siguientes. No hay excusa para esto en el mundo adulto, aunque si la hubiera, la falta de enfoque, concentración y tristeza, habría sido la suya. La despidieron.

Rápidamente encontró de nuevo un trabajo, aunque con unas condiciones que en este momento no aceptaría, pero aceptó.

Siempre le había gustado el sexo y sentirse deseada. Siempre le gustó lo prohibido, vivir cosas diferentes, guardar secretos y más si son propios. Siempre le gustó la excitación y dar luz a la oscuridad. Siempre le apasionó leer anuncios clasificados en el periódico y en internet. Le gustaba ver porno a diario. Le gustaba ser discreta y dejar su parte más sexy para la intimidad.

No le costó tomar la decisión de publicar su primer anuncio, ni de crear un blog y un personaje, tampoco le costó acostarse con su primer cliente. O puede que sí.

Se prometió a sí misma sólo quedar con hombres que le hicieran sentir entre algodones y también se prometió hacerles sentir igual. Es complicado que ella rompa una promesa y menos, cuando el resultado de ésta le aporta felicidad. Sabía que lo que ella podía ofrecer, en el mundo de las citas prepago era bastante diferente a lo ofertado, pero también sabía que era lo único de la experiencia que realmente podría interesarle.

Ha pasado tiempo y muchas cosas. Nunca se ha arrepentido de la decisión que tomó. Ella es feliz y hace feliz a las personas con las que comparte su tiempo, sus citas.

De eso se trata. Siempre.

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¿Jugamos a improvisar?

Hace unos meses hice un fin de semana de formación, de estos que te enseñan a quitarte tonterías de la cabeza (mientras te meten otras) para ser una profesional excelente y mejor persona. Era una formación de liderazgo, en este caso. Suelo hacer este tipo de formaciones una o dos veces al año, principalmente por vivir la experiencia del buen rollo que se genera con un grupo desconocidos. En ese caso, además había unas actividades de alto impacto que me parecían interesantes, una de ellas era glasswalking (sí, aquí donde me veis he caminado sobre cristales rotos) pero eso lo cuento otro día. Otra de las actividades era trabajar la improvisación y creo que esa ha sido la que mayor impacto ha tenido en mi vida.

Nuestro formador nos dijo: A diferencia de la vida real, en improvisación siempre hay que decir SÍ, porque diciendo SÍ empiezan a pasar cosas. El NO, detiene la posibilidad de vivir cualquier experiencia y se acaba el juego.

Evidentemente, en la vida no se puede decir SÍ a todo: “Oye, se que no nos conocemos de nada, pero ya que estamos aquí, en la cola de Doña Manolita para comprar lotería, ¿te importaría hacerme una felación?” No, claro, en la vida cotidiana nadie diría SÍ a esta propuesta. En el juego, se diría que sí y ya aparecería una situación imaginaria, improvisada, cómica…

 Pero ¿y si en la medida de lo posible introdujéramos esa premisa a la vida real?, es decir,  ¿qué pasaría si una vez realizado todo el protocolo de seguridad que nos hace estar tranquilos, dijéramos que sí a situaciones que con anterioridad habríamos dicho que no, por no salir de nuestra zona de confort?,  Pues a esto vengo jugando estos últimos meses y lo recomiendo encarecidamente.

 De esto surge, que viniera hablando con un posible amante con el que estaba concretando una primera cita. Me propuso un juego. Yo llegaría al hotel, pediría la llave de la habitación en recepción, ésta estaría dentro de un sobre, ese sobre además contendría lo acordado por la cita y así, subiría, abriría la puerta y sin mediar palabra nos besaríamos. Él decía que por aliviar tensiones. Yo lo veía algo muy divertido.

 Así lo hice. Abrí la puerta y comenzó ha acercarse a mí desde el fondo de la habitación. Ambos, sonreíamos en plan “ya sabemos lo que toca” y nos besamos, primero un beso casto y luego uno más largo y apasionado hasta que nos entró la risa por lo curioso de la situación. Era difícil seguir besándose a carcajadas, pero lo cierto, es que no hubo ni un mínimo de tensión durante la cita y se convirtió en una historia que recordar.

La vida es un juego y hacerla divertida es cosa tuya y mía.

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Sueños

Anoche soñé con Eduardo Punset y no, no me lo follaba.

Eduardo (ya le llamo así) me daba una entrevista y me comentaba los secretos de la felicidad. Que si los estados de fluidez, que si las forzalezas, que si trabajar con los talentos… Yo asentía y le hacía preguntas buenísimas (vale, en este momento no las recuerdo, pero en mi sueño me sentía con una brillantez extrema).

 En un momento de mi sueño, Eduardo se levantó y me apartó un mechón de pelo que cubría parte de mi cara. Ahí me miró con mucha ternura y me preguntó si yo era feliz.

 Normalmente, ante esa pregunta, la gente solemos tirar del “sí, PERO…” En este caso no me atreví a soltar ningún pero, después de esa entrevista, claramente basada en un programa de Redes que había visto la noche anterior, sólo podía sentirme en ese estado de fluidez del que me había estado hablando. No entré en intesidades provocadas, siempre en mi caso, por inseguridad. Por cierto, cómo molaría que no existiera la inseguridad, ¿verdad?

 Me hace mucha gracia cuando, en ocasiones, recibo mails de posibles amantes que se sienten intimidados ante la seguridad que desprendo en los post que escribo. Me parece bien, es bonito cuando descubren en nuestra cita la mujer frágil y tierna que realmente soy, cuando me siento cómoda y cuidada.

 Ya había finalizado la entrevista a Eduardo Punset, le dije que me parecía un sueño haberle tenido sentado ahí delante y que por favor me pellizcase. Me pellizcó. Y desperté.

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